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I
Juan Carlos Flores es un extraño escritor, su poesía parece decirnos que las palabras sobran. La economía de la letra se impone, se vuelve mineral, bajo un tranquilo fluir de las páginas. ¿He dicho bajo? Más bien ha sido inverso, diagonal, cual una superposición de vigas. Libro-galería, Un hombre de la clase muerta, antología poética personal –selección de sus tres cuadernos de poesía– compromete un despliegue topológico atravesado por incipientes zonas de lectura. Los trazados se entrecruzan y engañan, los planos desaparecen. Lector y escritor se topan continuamente con la posibilidad de encontrarse, perderse de vista o desvariar. Ambos visitantes de una extensión finita, aunque múltiple. Flores conforma sus libros, y en especial esta antología recién publicada por Editorial Torre de Letras, en tanto estructura móvil, arquitectura de la potencia. Bajo una inspiración que parece prefigurada desde las cercanías a un Cornelius Escher, la aparente precariedad de los cortes laterales o el murmullo seco del constante levantar de paredes ciegas, no escatima la escritura de superficie, escritura de la inmanencia. Galerías y más galerías: las habitaciones permutan, las paredes desaparecen. Se trata de hacer un recorrido, de entrar y salir.

Así, en el primer libro tenemos toda una galería dedicada a poemas marginales, mientras en El Contragolpe aparecen la galería mujeres o la galería artistas. ¿Pero quién puede nombrar en verdad estos espacios, asentar trayectorias? Cuando decimos “se está cerrando un círculo…”, hay un círculo que se abre en las inmediaciones de aquel. El círculo permuta. Entrar o salir a un(os) territorio(s) de un poema es correr el riesgo de no salir, de hacerse otro. Aún más, leer poesía es asumir ese riesgo, propiciarlo. La materia poética se resiste a nuestra necesidad de abolir el ritmo.

Como Pound o Withman, Juan Carlos Flores echa de menos una tradición. Pero esto no le abruma. Bebe de aquí y de allá, digiere lo que puede. Como ya hemos dicho, se alimenta de piedras (1). En Flores la palabra no se “oye con los ojos”, como en Brull, sino que se reduce a piedras. Tampoco hay “sabor del saber”, como en Armand. En Juan Carlos es movimiento geológico, intestinal: la piedra es a la boca lo que a los ojos: piedra y nada más que piedra. El culto a la abundante comida o a las sabrosas sorpresas de la letra, tiene su dique aquí. No se espere juego, lucidez, belleza intelectual, entendidas como la entiende la ciudad literaria, o su resaca. A este poeta le molestan dichas maneras; la alegría autocomplaciente, contenida en las tres, es la que define esta ausencia. Su poesía es moderada, y no tiene danzas o marchas: arrastra los pies. Gusta de manifestarse con los signos de la misma decadencia (ruina) que la palabra manifiesta. Ya no las ruinas de Mariano Brull, ni las que encuentra Octavio Armand en Lezama. Es una Troya desierta, sacudida solo por esa risa tenue, persistente, que crece en nuestras barbas.

II
¿Humor en Juan Carlos Flores? Al traspasar el umbral de Un hombre de la clase muerta nuestro cuerpo se encoge, se agrieta la experiencia. Somos mofetas, saltamontes, hombres-leopardos, un viejo, una gorda peninsular, el repartidor de biblias. Hemos entrado al territorio del sarcasmo. Al territorio de la experiencia común. ¿Cuánto tiempo tardaremos en reír?

Juan Carlos Flores no narra a una sola Troya. Describe Troyas, muchas Troyas que se suceden ante la mirada estupefacta. Son los restos de una guerra, de una Troya, pero a la vez estos se inscriben sobre las tantas ruinas dejadas en la experiencia cotidiana. Las pequeñísimas Troyas que componen la vida de un hombre cualquiera. El ciudadano, fastidiado del César. El hombre, cansado de las ciudadanías. La escritura es menor, busca llenar las bacinillas vacías del hospital literario con un poco de saludable orín. O de enfermo orín. La enfermedad, esa zona subyacente a la vida y que toda escritura social pretende mantener desterrada. Cierto es que cuando Trotsky habla de un “emigrado interno”, parece que nombrara alguna suerte de padecimiento fisiológico; el padecimiento fisiológico que sufre un Estado. Sólo que ninguna ideología de Estado hasta hoy se ha alimentado de La enfermedad como camino

Para Juan Carlos Flores no hay poeta de la Revolución cubana. La Revolución en nuestro país no ha dado abejas reinas que produzcan su miel a partir de las libaciones sociopolíticas desencadenadas en el proceso histórico. Reinaldo Arenas, dice Flores, lo ha sido un poco desde la narrativa. Asentimos: un enorme abejorro perturbador. Mucho enjambre, poco abejar. Desde el poema, sólo yo me he atrevido, continúa Juan Carlos, hay que ver el carácter eminentemente revolucionario de mi poesía. Cíclica, giratoria del hecho poético, mis textos llevan a cabo incesantes, convulsas “revoluciones”. Tantas revoluciones por minutos, el “no-cumpleaños” de Carroll, celebrado hasta el cansancio en un reino fuera del tiempo. En este caso, el poema.

Reinaldo Arenas es también el individuo atrapado por el Estado, incapaz de sustraerse de sus redes, calado hasta los huesos por estas. Arenas no pudo librarse del régimen del que escapó físicamente. Su lucha para con este duró lo que su vida adulta, dentro o fuera de Cuba. Es la angustia de un individuo frente a un sistema, que se revierte en producción literaria, gigantesca parodia, pero también monstruosa agonía que en el texto vuelve a erigirse como máquina demoledora del sujeto que escribe.

Kafka, quien supo mantenerse a salvo pero huyendo de sus magníficos castillos de tinta y papel, poseía ese humor sarcástico, casi un pus de la lengua enferma, que supo ver Kundera y que es reconocible a su vez en las páginas de Flores, especialmente en su libro El Contragolpe.

Es sencillo el tejido, pero apunta en su avanzar tranquilo, sosegado aunque adolorido, a las zonas más vulnerables, más blandas, del cuerpo nacional.

III
Un hombre de la clase muerta es un libro que permite vislumbrar ciertos itinerarios. En poemas como El viejo (2), de su primer libro Los pájaros escritos, están presente con claridad los síntomas que explicitan luego sus posteriores cuadernos: la circularidad como progresión del texto, o más bien, como modus operandis; las reiteraciones; el poema en prosa a la manera francesa de un René Char o un Frances Ponge (la prosa es presentida desde su primer cuaderno; ya entonces no son versos sino líneas, y el fraseo se constituye según oraciones gramaticales); la economía mineral del lenguaje; una voluntad de utilizar la página en tanto espacio para distribuir sobre ella ciertas intencionalidades gráficas. En el primer libro, la puntuación es aún deficiente y arrítmica respecto del texto (lo que puede verse en particular claridad en El viejo), y aún persiste entre corredores cierta elocuencia, que aunque se muestra ya agotada, engalana, como para lecturas de salón, la sequedad innata de los textos. La segunda versión de este poema, que aparece en su segundo libro, titulada para entonces La silla (otra lectura, otra versión) (3), marca las diferencias que van de Los pájaros escritos a su segundo libro Distintos modos de cavar un túnel, publicado diez años después. Aunque este poema resulta aún deficiente, consideramos una lástima el que sea suprimido de la antología, teniendo en cuenta que su presencia hubiera servido al lector para apreciar la transición del primer poeta, aún en ciernes, al poeta de hoy.

Si algo caracteriza a esta antología es su carácter de anti-antología, ya que el criterio de selección de los poemas no se basa tanto en la calidad de los textos –aunque si lo observa, lo que comprobamos en el chapeo oportuno que hace de los tres cuadernos–, ni en un sentido de mapeo de la obra abarcada. Los poemas son tratados al igual que en sus otros libros, como piezas de una pieza menor, estancia circunstancial, habitáculo. Cual si fueran los últimos poemas que vieron la luz, escogidos desde esa mirada circunstancial, para armar el libro más reciente. En este sentido creemos que esta antología viene a ser un cuarto libro del poeta, donde el relato de los textos seleccionados es una reescritura más que una compilación. Ello tiene un valor, un valor que sólo puede adquirir una antología poética si es hecha por su autor. Es visible además la apretada síntesis del libro, que apenas cuenta con transiciones, ni con poemas malos o flojos. La antología ha sido desyerbada con ahínco y se extrañan esas malas hierbas que pudieran provocar la contingencia, algún accidente en la lectura. Es por ello que Un hombre de la clase muerta amenaza con parecer una única galería, la galería de un museo, donde vemos los cuadros almidonados y tensos en su postura de sostener la pared y totalmente eclipsados por una curaduría monótona. A nuestro entender, no llega a tanto, aunque cierto hedor a ambientadores casi nos hace presentir la rigidez en la espalda de un vigilante de obras de arte. Poemas que saltan a la vista del lector en El Contragolpe, son sencillamente pasados por alto en la antología. En el dojo (4), texto de radicantes autobiográficos, donde se roza oblicuamente la automarginación en el contexto de una sociedad en crisis, sumida en los dictámenes de un régimen que clasifica, en términos maniqueos, la experiencia, a nombre de partidos u orientaciones de Estado. También falta la excelente pieza Días de 1834 (5), en que la prosa se vuelve notablemente eficiente y singular. Así mismo Tren a Vegas (6), que toca su última estrategia ante la vida y la poesía, la del retirado de la “ciudad criminosa”, y su acercamiento a cierto ethos de la idiotez. O el poema El Contragolpe (7), que finaliza y da nombre al libro, y que contagia al lector de ese “humor” presente en toda su obra; la ironía punzante, autoparódica.

Celebramos esta nueva aparición de Juan Carlos Flores, “escribano de las minucias”, hombre de la clase muerta:

(…) ser quien escribe o quien habla es habitar en un cementerio,
pero dentro de una fosa común. (8)

Reseña publicada en el número más reciente de la revista Encuentro de la cultura cubana (51/52, Madrid, 2009).

NOTAS

(1) Lizabel Mónica. Texto de presentación a El Contragolpe, el 23 de octubre de 2008, en Torre de Letras. Inédito.
(2) Juan Carlos Flores. Un hombre de la clase muerta. Antología poética (1986-2006). Editorial Torre de Letras. La Habana, 2007. p. 40.
(3) Juan Carlos Flores. Distintos modos de cavar un túnel. Ediciones Unión. La Habana, 2003. p. 32.
(4) Juan Carlos Flores. El Contragolpe (y otros poemas horizontales). Editorial Torre de Letras. La Habana, 2007. p. 76.
(5) Ibíd. p. 88.
(6) Ibíd. p. 82.
(7) Ibíd. p.103.
(8) Juan Carlos Flores. Poemas encontrados. Un hombre de la clase muerta. Antología poética (1986-2006). Editorial Torre de Letras. La Habana, 2007. p. 127.





Video de Lia Villares, tomado de Habanemia

"Normal is Good", una nueva línea de ropa femenina. En una galería... de arte. La idea puede conmover nuestro imaginario, ubicada como está al inicio de este párrafo, y lamento quitarle al lector su ilusión: no es así, "Normal is Good", rodeada de otras exposiciones de artistas plásticos, incluso con sus maniquíes y diseños verdaderamente atractivos y originales, a los ojos del espectador que ha entrado a la galería asumiendo el rol de tal, no es más que una obra de arte.

Obra de arte. Ya lo he dicho. Ese objeto de consumo que tiene el añadido de aportar "clase" o prestigio a quien lo busca. Nada más. Clase, prestigio, y tal vez, aunque en verdad no mucho, inteligencia. Después de todo, este no es uno de nuestros principales valores hoy en día. Astucia sí, una inteligencia de nuevo tipo, enfilada más hacia el objetivo de prolongar y mejorar la supervivencia. Es natural, como se dice, nadie está en contra. Sólo que yo agregaría a la salsa otro par de ingredientes antes de servirla.

En el mundo de hoy, arte, política, tecnología y moda se cruzan, y en peor de los casos, ni siquiera eso; transitan como líneas paralelas en una convivencia "políticamente correcta" que evita que alguna pueda estorbar a la otra. Los artistas "comprometidos" no hacen más que traernos cantinelas, nunca asombro. Los museos, la calle, los álgidos problemas sociales, los países del tercer mundo, las aberraciones totalitarias. Poco o nada se hace con desplazar el escenario hacia las márgenes, todo esto es "más de los mismo", y el propio hecho de señalarlo como "excepción" nos lleva a una normalización de estas prácticas, puesto que sí, eso tan desagradable que sucede, tan fácilmente estigmatizable, es "el enemigo localizado", algo que termina siendo o se lee desde el negativo del positivo. ¡Es tan bueno tener las cosas claras! La gente aplaude muy seria y sale contenta de las galerías, los museos, las páginas webs dedicadas al arte. Luego se van a sus casas y duermen tranquilos. El horror está marcado en un mapa, tiene nombre; se puede analizar, manosear, poner en cuarentena. Todo lo que es demasiado nombrado a la larga es una verdad corrupta, cuyo estereotipo ha ocultado las mil caras del fenómeno.


Arte vs Arte




Alguien diría que es hora de que política y arte no se confundan, de que ambas vayan cada una por su cuenta, cada cual a lo suyo. Si la sociedad entre ambas es una negociación para permitir una convivencia pacífica, pues adelante, que así sea.

Pero no hay que engañarse, las alianzas no son tan limpias como parece, el poder creciente de "la clase creativa" (Richard Florida, The rise of creative class: and how it’s transforming work, leisure, community and every day life, Nueva York, Basic Books Inc, 2004) va de la mano -en casamiento oficial y con ánimos de formar familia...- de digamos, la conducta "apropiada". Pinchar, pero no pasarse, desempeñar su "papel crítico" pero sin quemarse las pestañas en el esfuerzo. Nadie debe salir herido, especialmente, nadie que no pueda ser llamado "nadie"... Aunque probablemente el arte de hoy no es el arte de las pancartas y los altavoces, también estemos claros de que no es el arte que anda levantando las narices para cuidarse de no meterlas por accidente en asuntos que puedan arruinar ciertas sociedades. El juego del "no creemos en los grandes cambios; podemos gritar por lo bajo y la conmoción de un entorno discreto es ya el logro que buscamos" creo está perdiendo su efectividad, o quizá, cambiando el punto de mira, dicha práctica se está tornando precisamente demasiado efectiva. La clase de los artistas engorda. Y la clase de artistas con que contamos, bueno, para qué hablar, son tan inteligentes que da lástima pensar en lo poco intuitivos que resultan. Las oportunidades hoy en día, tal como están las cosas, de poner el dedo en la llaga, son pocas, y muchas las de seguir haciendo "el buen arte". Pero incluso para poner el dedo en la llaga hace falta un sexto sentido. Se habla de la sutileza de la alianza entre el poder y el arte. Mi opinión es que el mejor arte de nuestros días, el arte que en verdad confunde, formula preguntas difíciles, o nos brinda momentos de pasajera lucidez que son luego completamente intraducibles, es el arte que hace uso de esa inestimable herramienta de lo sutil, tan fundamental en nuestros días. Fíjese que no estoy hablando del doble sentido, o del enmascaramiento de intenciones definidas, sino de lo sutil que es tal para el propio artista, lo sutil como ese tránsito preciado entre el "qué" o el "sé" y el "no sé qué pero ahí está... y ahí... y ahí...". No creemos en los grandes cambios, que eso ya es ponerse demasiado graves, y cuando uno se pone grave, probablemente la emprende con alguien o algo en específico. No creemos en los grandes cambios, y tal vez ni en los cambios. Creemos en el arte; porque creer en él no debería ser algo demasiado estilizado o "genial" o al menos no más que lo que implica creer en nosotros mismos. Algo cuya naturaleza desconocemos pero que persiste, lucha, se actualiza, se niega a morir.

"Normal is Good" fue un pretexto para poner estas ideas sobre el tapete, pero es un pretexto porque roza esa zona de lo sutil de la que hablaba. Desde el nombre, otras percepciones en el tratamiento de la noción de lo femenino (como la anulación de la cartera agregando numerosos y profundos bolsillos a vestidos, blusas, pantalones y monos de vestir), la selección de modelos con un prototipo similar al de la artista, estandarizando y generando a un tiempo una política de minoría; pero digámoslo de otro modo, polarizando la noción de minoría... esta y otras maneras "sutiles" hacen que la muestra casi llegue a conformar un gesto, algún movimiento). Sin embargo, tal y como dije al inicio, entre tantas obras de arte los maniquíes y sus ropajes extravagantes no llegan a resaltar del conjunto. Pasan por "arte" y por "obra de artista". Una etiqueta que paraliza, que mata cualquier actividad en la cultura más que las marcas en la ropa. Y por si no lo he dicho claramente arriba, el arte contemporáneo debe luchar antes que nada contra "el arte", entendido el entrecomillado como lenguaje de ir de compras (arte/ropa) o lenguaje de catálogo. "Nornal is Good", es por ahora lenguaje de catálogo. Pero esperemos a ver qué sucede. Tal vez otra curaduría, otro sitio, otra iniciativa... Es una artista joven y no merece del todo mis anteriores argumentos. No deja de ser una opción recomendable esta muestra de Yali Romagoza para quien pueda llegarse a la Habana Vieja, Centro de Desarrollo de las Artes Visuales, calle San Ignacio número 352.


Enlaces relacionados (fuera de este weblog):


Fotos y dibujos de esta muestra en el blog Habanemia


Una referencia anterrior de esta muestra en la X Bienal de La Habana



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Rolando Sánchez Mejías cumple 50 años y en La Habana se le hace un homenaje. Es un homenaje discreto, entre unos cuantos amigos y admiradores del escritor cubano que vive en el exilio desde hace ya 12 años. Somos pocos, entre los que van a dedicar unas palabras de homenaje a la obra de Rolando y entre los que acudimos movidos por el interés de escuchar y debatir luego sobre esta, apenas si alcanzamos al número de 20 personas. Pero hay un dicho que dice --o debería haberlo--, que si pobre y sincera, mejor la lisonja, que abundante mas vacua... Leyeron textos sobre el autor Ricardo Alberto Pérez, Adriana Normand, Raúl Flores, Enrique Saínz y Francisco Díaz Solar; una combinación de distintas generaciones de admiradores que quizá atestigüe más la validez de la obra que la asistencia de muchos movidos por el impulso de alguna pasión contextual.

Nacido en Holguín, en 1959, Sánchez Mejías fundó en Cuba, allá por los años noventa, la revista de escritura y pensamiento Diáspora(s), que sigue siendo hoy un hito dentro de la literatura cubana contemporánea. Diáspora(s) llegó para provocar un vuelco dentro del panorama nacional, pero sobre todo, para señalar las posibilidades de hacer la diferencia(s). Detrás de la revista impresa que circulaba semi clandestina y de mano en mano entre los escritores habaneros, había un grupo que hablaba de literatura, pero cuya jerga era diferente a todo lo que se había escuchado hasta entonces. Inicialmente compuesto además por Ismael González Castañer, Rogelio Saunders y Ricardo Alberto Pérez, el grupo se fue reduciendo hasta que la revista quedó en manos de un trío potente, sino imponente, de intelectuales cuya producción fue sumamente creativa dentro del contexto más bien chato del campo literario cubano: Rolando Sánchez Mejías, Carlos Alberto Aguilera y Pedro Marqués de Armas.

Sánchez Mejías publicó en Cuba los poemarios Collage en azul adorable (Letras Cubanas, 1991) y Derivas (Letras Cubanas, 1994), así como los cuadernos de relatos Cinco piezas narrativas (Extramuros, 1992), La noche profunda del mundo (Letras cubanas, 1993) y Escrituras (Letras Cubanas, 1994). En los años 1993 y 1994 recibió en Cuba el Premio Nacional de la Crítica. En 1995 publicó además una antología de "26 nuevos poetas cubanos", Mapa Imaginario, un proyecto notable por sus parámetros de lectura y selección, realizado en coordinación entre el Instituto Cubano del Libro y la Embajada de Francia en Cuba.

Luego de su exilio en 1997 Rolando Sánchez Mejías ha publicado los libros Cálculo de Lindes (Aldus, México), Historias de Olmo (Siruela, Madrid, 2001) y Cuadernos de Feldafing (Siruela, Madrid, 2004).

Hoy la revista Diáspora(s) y su grupo, la obra de estos y otros autores que hubieron de emigrar hacia confines menos irrespirables, es escasamente conocida por la generalidad de los lectores cubanos dentro del país. Algunos proyectos que hacen las veces de puentes, entre las varias orillas donde ha ido a parar el cubano, han cimentado el "nadar contra corriente" y reunir producciones a un lado y otro de la frontera (la ya desaparecida Revista Diáspora(s), Revista Encuentro de la Cultura Cubana, Revista Cacharro(s), Revista 33 y 1/3, Revista Desliz). Creo que hay que seguir intentado un trabajo serio en este sentido.

Como sea, Rolando Sánchez Mejías hoy nos visitó en La Habana, y nosotros viajamos unos instantes hacia Barcelona, o hacia Feldafing. Un cumpleaños suigéneris, sin dudas. Pero que nadie se engañe, no fuimos tomados por la melancolía. Rolando Sánchez Mejías no será tomado por la melancolía. A ti que lees, no te dejaré abrazar esa sensación viscosa que llaman melancolía. Acaso no conozcas la experiencia terrible de Feldafing:

Si le preguntas a cada uno de los 4.169 habitantes de Feldafing si el rey Ludwig estaba realmente mal de la cabeza, te responden: "Mal de la cabeza, no. Una profunda melancolía con todas sus derivaciones, sí".

[Rolando Sánchez Mejías. Cuaderno de Feldafing. Ed. Siruela, Madrid, 2004.]

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Rolando Sánchez Mejías: la intensidad de la pregunta


Por otro lado, no hay esfuerzo en el pensamiento que ocurra en el infinito; sería, si ocurriese, un "gran infinito". La caída es inevitable. Sólo se salva el dominio del gesto, el tamaño de la pregunta. O mejor: la intensidad de la pregunta.

[Rolando Sánchez Mejías. En Prefacio a Mapa Imaginario. Embajada de Francia en Cuba en coordinación con el Instituto Cubano del Libro. La Habana, 1995.]

Hay varios modos de abordar la escritura de un libro, de intentar hacer literatura. Rolando no sabe o no quiere hacerlo a la manera tradicional. Toda su escritura parece surgir de un esfuerzo, del enfrentamiento con la página, de la conciencia del "intentar", pero también de una suerte de sonriente --que no hilarante-- frase que a veces por el tono parece pregunta: No es posible pedir peras al olmo. En sus libros Historias de Olmo y Cuadernos de Feldafing parece seguirse el método de una práctica sostenida que se genera en torno a esta cuestionante. Así escribe al final de su Cuadernos..., como colofón de cierre:

Una última frase: ¿Cómo hacer crecer hierba de un pedazo de hielo? Asimismo no se puede generar literatura de lo que no es literatura. A no ser que se produzca un esfuerzo en determinada dirección.

Hay una artesanía de la letra pero no en tanto divertimento o exacerbación del sentido, sino en tanto pregunta latente, en tanto tensión moderna que busca sustituir en palabras de Sánchez Mejías "el movimiento del alma o de la responsabilidad pública" con el "movimiento del pensar" [Prefacio a Mapa Imaginario]. Esto, en el contexto cubano, no es poca cosa. Aunque personalmente apuesto por otros derroteros para la literatura y el arte que buscan --o como diría Lacan en un seminario parafraseando a Picasso, encuentran-- menos concentración en la cabeza, repetimos, está poética representó y aún representa un vuelco dentro del panorama nacional. Este vuelco se extiende si tenemos en cuenta que su esfera de acción avanza hacia sitios paratextuales con semejante energía a la que es sostenida en la intensidad del trabajo sobre la página. Y es allí donde se me antoja imprescindible Sánchez Mejías en su literatura pasada y actual, y el cuerpo teórico y práctico generado por el grupo Diáspora(s) durante la segunda mitad de los años noventa. Los relatos, poemas y ensayos del autor van desatando las cuerdas de un kitsch literario cubano, pero también, de ciertos protocolos de lectura del texto social:

En la casa hay un Diccionario de Uso del Español: melancolía (del latín melancholia, gr. melankholia, de melas, negro, y kholé, bilis). Propensión, habitual o circunstancial, a la tristeza. Ejemplos del diccionario:

a) En cuanto estoy solo me invade la melancolía.
b) Me marcho con melancolía de mi tierra.
c) La melancolía del atardecer.

(Situación. Un hombre se vuelve tan melancólico que hay que transportarlo como se transportaría, con el mayor cuidado, una sustancia muy blanda.)

[Rolando Sánchez Mejías. Cuaderno de Feldafing. Ed. Siruela, Madrid, 2004.]

Hay mucho más que decir, pero esto es un post, no un ensayo. Quizá el ensayo acontezca luego; la obra de Rolando Sánchez Mejías merece tanto las lecturas consagradas como miradas más jóvenes. A lo anterior acoto que pienso traer al blog los textos leídos hoy en la Torre de Letras (Azotea del Palacio del Segundo Cabo, Habana Vieja) en homenaje al autor.

Dejo para los lectores por ahora un mini dossier en imágenes extraídas del plegable promocional de la lectura.

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Lo que sigue es un fragmento tomado de una entrevista de Idalia Morejón autor



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Fotos cortesía OMNI-ZONA FRANCA



LA SENSIBILIDAD DE LAS IMRESIONES:
ENCUENTRO CON REINA MARÍA RODRÍGUEZ


Espacio Nexos (sede Alamar, Taller OMNI). El poeta Juan Carlos Flores invita, hace de portero. Escucharemos esta vez poemas de Reina María Rodríguez. Es tarde de sábado, 28 de febrero de 2009, oscurece fuera.
"Yo quiero trabajar con la arbitrariedad de las palabras", dice Reina, "con su carga efectiva". Su voz escurridiza, que parece a punto de extinguirse, viaja hasta nosotros socavando el silencio. La sala tiene el aire del grupo OMNI-Zona Franca; los objetos cuelgan, las paredes están llenas de semas que se detienen antes de alcanzar un objetivo inconcluso: media pierna de yeso desde el techo interrumpe la visualidad a la altura del rostro, hay graffitis por doquier, papeles pintados o escritos. Todo anuncia, y nada parece enunciar nada. Lenguaje de confluencia, lenguaje urbano. Lenguaje de arte hip hop, que en Cuba se hace sincrético, casi sintético, y a veces ininteligible. Pero denota. Se expresa. Ejerce el hábito de la búsqueda. Esto hace de OMNI uno de los proyectos más controvertidos del panorama actual en la isla, y sin embargo, quizá el espacio de más apertura y flujo del arte joven alternativo, no solo de La Habana, caracterizado por una curaduría que trabaja desde el tratamiento de arte y literatura en tanto acontecimiento vital, nacido y devuelto al ámbito de lo civil. Es en cualquier caso una propuesta viva, algo escaso y difícil dentro de la frialdad académica o la rigidez institucional que prima por estos lares.
"Un libro es como una casa", Reina se endereza en su silla, mira a Juan Carlos, vuelve la mirada de nuevo hacia el público. Flores le ha preguntado por la hibrido de los géneros en todos su . La lectura canónica o de género, es propia de la academia, es labor de los críticos. Virginia Woolf, una de sus admiraciones, es para ella una gran poeta. ¿Quién dice cuánto de novela hay en un libro de poesía?, ¿cuánto de poesía en una novela? Llámame Ismael, es un libro que estima, libro sin género. "Sus mañas", nacidas del oficio de años con el poema, arruinaron su intento de novela. Pese a ello considera que su incursión en el género narrativo le ha ayudado a lograr la limpieza de sus últimos textos poéticos –además de Tres maneras de tocar un elefante, Premio Ítalo Calvino 2004 de novela, la poeta ha escrito varios prólogos en la última década.
No le importa la teoría, nos cuenta, siempre trató de encontrar su propia voz. En sus primeros libros hay empastes de fragmentos disímiles, separados en el tiempo, pero superpuestos en un mismo poema. Ya no le obsesiona la edición como entonces, la cree incorporada en la escritura. Más que el trabajo con la forma, le preocupa llegar a cierta transparencia del texto, logro que reconoce poco frecuente en las letras cubanas, apegadas más bien a una tradición del oído, según nuestro legado cultural de Hispanoamérica. A Reina le interesa más que nada perseguir su libro. La celebración en vida, los premios, los títulos honorarios otorgados al poeta, constituyen todo un cuerpo de vanidad que no es nada frente a la entrada a ese territorio de los autores muertos, donde sólo permanece aquel que ha escrito el poema capaz de sobrevivirle.


LA TORRE UN ÚTERO


El poeta cubano al que se siente más cercano es Juan Carlos Flores. Para Reina María es este quien muestra una vía por donde es posible el desvío de la literatura nacional. "Sus poemas –dice– taladran en otra zona."
De su labor como coordinadora del espacio Torre de Letras aclara: "este negocio no es de cantidad, el que quiera buscar un libro tiene que pasar el trabajo de encontrarlo". Lo valioso de este sitio semi independiente radicado en la azotea del Instituto Cubano del Libro, es para Reina el brindar la oportunidad de que acontezcan algunos encuentros, crear un ambiente para los "verdaderamente interesados". La Torre, dice, nunca va a sustituir lo que fue la azotea de su casa, cita en los años noventa de los escritores más avisados de La Habana. No obstante ha tratado de hacer de Torre de Letras "un útero", lugar que sirva para reunirse y entrar en contacto.
La historia literaria de este país, recuerda, está plagada de estos pequeños núcleos que surgen en el tejido social; tal fue el caso de las tertulias delmontinas, que tuvieron lugar en el patio de una casa colonial, o los encuentros con Lezama en su concurrido apartamento de Centro Habana en el siglo XX.
Casi una hora hemos estado compartiendo con Reina María Rodríguez, y es poco. Aunque se confesara nerviosa, Reina ha cautivado a los presentes. Ha sido un encuentro encantador con esta autora que ya quedó para las letras cubanas y que tiene un sitio en los anaqueles de la literatura de latinoamericana. Con la ayuda de un anfitrión modesto, la poeta se vio motivada a explorar ante nosotros una experiencia personal con la escritura de más de 30 años, y a develarnos cómo se han expresado en ella las relaciones entre vida y poesía.
Se ha hecho manifiesto en este encuentro lo que Reina dice hallar en sus mejores textos y en las lecturas más intensas: "una sensibilidad de las impresiones".




ORLANDO LUIS PARDO LAZO: FORCEJEANDO CON EL CORSET
LOCUCIONES AL MARGEN DE LA FERIA


El pasado lunes 16 de febrero, en la explanada que da entrada a la XVIII Feria del Libro de La Habana, se presentó fuera de programa el libro Boring Home, del escritor cubano Orlando Luis Pardo Lazo. Según el escritor, este libro ya había sido editado y se encontraba listo para ser lanzado en la feria de 2009, por la Editorial Letras Cubanas, y fue retirado del plan editorial debido a que su autor pasó a finales del pasado año a la lista negra oficial.

Orlando Luis, escritor y fotógrafo, autor de cuatro libros de relatos publicados en editoriales de la isla, y ganador del Premio de Fotografía de la Revista Tablas 2008, se ha convertido en la oveja negra del campo literario de intramuros desde que comenzaron a publicarse sus columnas literarias acompañadas de fotos Lunes de Post-Revolución en el blog cubano realizado desde España, Fogonero Emergente (http://jorgealbertoaguiar.blogspot.com). El proceso que llevó a Orlando a ser condenado por la praxis de la política cultural del patio, tuvo su cúspide con el post del 15 de septiembre de 2008, titulado Lunes de Post-Revoluciclón. En esta columna el autor se narra vivenciando el apagón habanero, y esgrimiendo como alternativa al suicidio del escritor (menciona a Raúl Hernández Novás y a Ángel Escobar), la catarsis explosiva, que culmina en el post en eyaculación sobre la bandera nacional -o “exactamente, su sucedáneo retórico”, acota Pardo Lazo. Una de las fotos de esta entrega virtual, que fue censurada de manera explícita por el responsable del blog, el escritor Jorge Alberto Aguiar Díaz, jugaba al parecer con la imagen del onanismo y el símbolo patrio. “Del flujo de semen/sema en lugar del flujo de seso/sangre de los suicidas”, nos dice Orlando Luis, para quien la redacción periódica de estas columnas no era una crítica al régimen vigente en Cuba desde 1959, sino “un desmontaje de los iconos poéticos y políticos de la nación; la nación entendida como corset discursivo disciplinario”.

Entre las numerosas presiones que ha recibido el escritor a raíz de la publicación en Internet de estos textos, y además de retirarse su libro del plan editorial oficial y de prohibirse su publicación en las revistas nacionales, el escritor nos hace saber que ha recibido comentarios ofensivos y de amenaza física y judicial a sus posts, además de la aparición de artículos ignominiosos en la red por parte de funcionarios de la cultura. En los últimos días, luego de anunciar Orlando Luis Pardo Lazo una presentación independiente de su libro retirado por Letras Cubanas, y que tendría lugar a los pies de La Cabaña, sede oficial de la feria, el narrador ha recibido y recibe aún llamadas intimidatorias –muchas de ellas dirigidas a su madre-, mensajes electrónicos del mismo tono, y de nuevo la amenaza física a través de un funcionario de alto rango que se reuniera con Orlando sin previo aviso en una oficina cerrada de las instancias de la feria. A pesar de que la presentación tuvo lugar, con la presencia de varios escritores cubanos e incluso de algunos de los más comprometidos con las instituciones culturales oficiales, alguien nos señaló el hecho de que una Brigada de Respuesta Rápida esperaba por órdenes para actuar como cuerpo represivo sobre los asistentes. El libro Boring Home fue presentado por la bloguera Yoani Sánchez y Orlando Luis repartió algunos ejemplares en CD al público que lo rodeaba sobre el césped del camino a la fortaleza de San Carlos de La Cabaña. La prensa extranjera, a quien muchos atribuyen que no se empleara finalmente el gesto más radical contra los presentes, llevó sus cámaras y micrófonos a la cita.

A tres días de la presentación de Boring Home, Orlando Luis sigue experimentando el peso de la intolerancia a la libertad de expresión y a palabra escrita. Sentado a mi lado, teclea su post Eucaristía de Eduardo, que saldrá en pocos minutos en su blog, que toma el nombre de aquellas columnas periódicas que iniciaran el destierro y el acoso que sufre dentro de Cuba: Lunes de Post-Revolución. La costumbre de postear quedó, ahora más vinculada a un vacío de opciones editoriales, al menos en el país. La costumbre de temer por su integridad física, y de telefonear a su madre, su novia y sus amigos para que sepamos que está bien, por ahora también quedaron. Llama la atención que se repita la lectura obsesiva del poder (sea el Estado, la Mafia, sea una instancia religiosa quien la aplique) y las consecuencias de su miedo descomunal sobre el escritor. La literatura es leída otra vez como documento burocrático, y es tratada como tal: ha de rectificársele, por los medios que sean necesarios. Orlando, quien ve en sus columnas todavía la escritura “naif, la máscara barroca, aún no el puro cuerpo”, no está seguro de entender qué está pasando o de qué hablan cuándo leen el texto como testimonio, la foto como réplica. Reinaldo Arenas, Roberto Saviano, Salman Rushdie, probablemente tampoco lo entendieron.



He recibido muchos correos en respuesta al post De Ike y otros ciclones.
Dejo aquí las palabras de Rolando Sánchez Mejías, quien pidió expresamente que su respuesta fuera publicada en este blog:


Si puedes publica mi respuesta a este texto. Es muy SIMPLE:


SOLO QUEDAN LOS CAMBIOS POLITICO-ECONOMICOS URGENTES
ESTAN HUNDIENDO EL PAIS EN EL FRACASO TOTAL PARA NO TENER QUE RESPONDER
LA RESPONSABILIDAD NO ESTÁ EN LA NATURALEZA
ESTÁ EN LA NATURALEZA TORPE, AVARA Y DIABOLICA DE QUIENES TIENEN EL PODER EN CUBA Y HUNDIRAN EL PAIS PARA FINALMENTE OBJETAR QUE FUE EL BLOQUEO Y LA NATURALEZA.

Rolando Sánchez Mejías




Ha pasado Ike por toda Cuba y nos queda una desafiante destrucción. Nuestras reservas, nuestra maltrecha economía, son ahora más míseras de lo que podíamos pensar días antes de este evento, cuando en verdad, ya éramos bastante pobres. ¿Qué puede pasar ahora con la isla? ¿Cómo haremos para aligerar el hambre, la urgencia de necesidades básicas, la ausencia de recursos para una supuesta recuperación? La palabra de turno, esa que sale a chorros por las bocinas del televisor o el radio, y que por supuesto, habrá de leerse con la misma regularidad de un único discurso repetido en la prensa escrita, es "recuperación". Sin embargo, casi todos tenemos en mente otro vocablo, o al menos una misma idea fija: ¿qué puede recuperarse si poco teníamos?, ¿cómo puede "volver a la normalidad" un país del que es imposible decir que disfrutaba de "normalidad" alguna?, ¿se atrevería alguien a asegurar que tenemos, por ejemplo, una economía que recuperar, una arquitectura que reconstruir, un equilibrio social que restituir? Nada de eso. Sí algo sabe todo cubano, así como todo extranjero que haya visitado la isla en los últimos tiempos, e incluso los más optimistas entre unos y otros con respecto a nuestro sistema sociopolítico, es que nuestro país andaba mal. Las esperanzas de cambio, esas que fueron reafirmadas por la propaganda estatal antes de las elecciones que colocaron a Raúl Castro al frente del país, no se han visto en ningún modo satisfechas. Alguien podría decir que Ike acabó con Cuba, pero es indudable que se impone una rectificación: Ike acabó, no con Cuba, sino con lo que de ella quedaba.
Antes de Ike, hubo Gustav, y antes de Gustav, exactamente un día antes, tuvimos el caso del enjuiciamiento del músico Gorki por su antipatía al sistema, caso que una amiga española acertó en llamar, "el otro ciclón". Como Gustav, azotó el país, no en cuanto a bienes materiales se refiere, sino en materia de una no menos básica necesidad humana: la de las libertades civiles. Gorki, a diferencia de Gustav, pasó desapercibido para la gran mayoría. A falta de libertad de prensa, de un verdadero periodismo en la escasa prensa existente que dirige el Estado, y a falta, por supuesto, de otras libertades negadas, como Internet o la manifestación pública no planificada por el gobierno. Pocos supieron de Gorki, y luego de su excarcelación -gracias al movimiento dentro y fuera de unos pocos, avisados y valientes- poco se ha dicho de este. Como mi amiga española Olga dice, es preocupante, respecto a Gorki, lo que detrás de un caso como este acontece. Todas las pequeñas libertades negadas, dice mi amiga, todas las pequeñas represiones de la cotidianeidad del cubano. Cuantos otros, dice otra amiga, que no son músicos, ni personalidades públicas, han pasado y pasaran por lo mismo. Y cuantos otros no pasan a diario por la acción de esa lógica que encarceló y enjuició a Gorki.
Muchos ciclones han azotado la isla de Cuba. Muchos, antes y después. Nuestra situación geográfica es propensa a estos fenómenos. Antes y después, debemos tomar medidas que prevengan y recuperen lo que de recuperable tenga el país. En el día de hoy, lo más recuperable que tenemos es la esperanza, tan difícil o más de recuperar y sostener que los bienes materiales. Las riquezas o la estabilidad económica solo puede venir acompañada de medidas que las propicien, de la nada no saldrán; y menos de la nada histórica en que hemos estado sumidos durante muchísimo tiempo en este país. Anhelos de marxismo tropical, de totalitarismo tardío, nuestro sistema ha de "renovarse" más que recuperarse. Y si de recuperar se trata, habrá que recuperarse de ese limbo en que yacemos; ya es hora de poner los pies en tierra y ver que hacemos con lo que tenemos, ni más ni menos que con lo que contamos, y quitarnos la venda con la que miramos solamente hacia un incierto futuro. Nuestras transformaciones han de ser sociales y económicas, más que todo estructurales. La manera de pensar, sobre todo la manera de pensar, habrá de ser menos épica, lo que equivale en estos momentos a menos fantasiosa. Dejarse de guerras y amenazas y dejar de apuntar y amenazar a la gente. Dejar un poco a un lado todo ese imaginario de batallas. Hay toda una sociedad civil sobre la que se ha pretendido pasar, que supuestamente debería ser el fin de una militarización como la que vivimos, que espera ser tenida en cuenta. Que espera por una "normalización", largamente prorrogada, de su vida. ¿Una causa mayor? A estas alturas, por favor, ¿no estamos ya hartos de esas causas mayores que aquejaron al siglo XX? La única causa mayor que habría que defender es la de mantener con vida a esta sociedad civil ignorada, la de dejar algo para que puedan vivir nuestros nietos, ya que poco dejaron a los hijos, y de seguir por donde vamos, casi nada recibirán los que vienen. Excepto un país destruido cuyo cuerpo embalsamado será cubierto con su historia épica. Una historia épica que aún hoy, ya resulta inverosímil.



Estas palabras fueron publicadas con anterioridad en Fogonero Emergente, por mi amigo Jorge Alberto Aguiar, ya que no tuve acceso a mi blog durante algunos días. Ahora las traigo a su lugar de origen. Espero, como es su intención, den que pensar.


Pensar en Gorki


Gorki fue detenido el pasado 25 de agosto. sin orden de arresto, sin causa. Un expediente abierto por "peligrosidad", la llamada "ley del vago", arbitraria medida contra la delincuencia y los "desafectos" al sistema. Todo aquello que se considere dañino socialmente, según esta ley, puede ser retenido y eventualmente encarcelado. Sólo se necesitan opiniones, empezando por las consabidas del CDR -puesto de vigilancia gubernamental que existe en cada cuadra-, de personas cuyo comportamiento social sea impecable, es decir, aquellos a los que popularmente se les llama "integrados". Integrados, al sistema. Todo gira, por si alguien no lo ha notado por allá fuera alrededor de la política en Cuba (aquí es imposible no notarlo, dejando sólo como salida para algún que otro nacional el "hacerse el sueco"). Por ello Gorki, quien decide cantar haciendo uso de aquello que ni los más económicamente poderosos, ni los más encumbrados de la nomenclatura del país pueden hacer uso: la libertad de expresión. Sí, la libertad de expresión en la isla es un verdadero lujo, el mayor de todos. No concebimos a nadie, oígase bien, a nadie en este país, que no mida sus palabras. Por supuesto, hasta nuestros presidentes revolucionarios participan de la escasez de esta codiciada actitud. En todo el mundo, cuando se piensa en las palabras públicas del presidente de un país, lo último que viene a la mente es que esté diciendo la verdad, la estricta verdad. Por supuesto, el presidente de un país tiene una responsabilidad pública que le obliga a un tiempo a medir sus palabras mientras intenta por otro lado no dañar la imagen pública de confianza que el país ha depositado en él. Bueno, en el caso de que el país la haya depositado en dicho presidente, y no que tal persona se la haya abogado por la fuerza. Pero volviendo, en Cuba los presidentes miden tanto sus palabras que no podemos recordar un solo momento -de esos momentos célebres y acaso difícilmente escamoteables por el presidente de una democracia que respete al menos en apariencia los principios que la sustentan- en que el presidente haya aludido en una aparición pública a la honestidad que habría de estar en juego. Las apariciones públicas de los presidente cubanos no son diálogos aparentes de mesurada ecuanimidad con un maduro e hipotético escucha nacional; son arengas, discursos de regimiento, muy parecido a aquella verborrea incitadora que se dirige a un ejército para exitarlo y prepararlo para el valor y los horrores de la batalla. La desmesura parece caracterizarnos. Y la arbitrariedad. Estos discursos, en buena medida una muestra del discurso de todo relato de la política nacional revolucionaria, que apela a "con-vencer" y a generar una "convicción" más que a generar la reflexión propia y desapasionada del receptor, son los que marcan nuestro devenir en un pueblo con muy poca cultura del debate, y donde apenas se cultiva el pensamiento, a secas, no ya el pensamiento que da pie a la duda, aquel que resulta por ello más intenso, y de mayores repercusiones en el intelecto. Si esto ocurre de manera generalizada, si somos cada uno de nosotros quienes reproducimos este modelo de pienso aquello que me dijeron o esto que dijo fulano que me convenció al oírlo; entonces, ¿qué podemos dejar para los noveles de conciencia colectiva? Sí, nuestro futuro es negro, sobre todo porque pocos se atreven, de veras, a pensar en él. Por otra parte, pensar suele ser una buena manera de preparar el actuar, y la mejor manera que podemos recomendar para la acción en un país de circunstancias sociopolíticas como las de Cuba. Solemos, sobre todo por estas tierras, actuar sin antes pensar. Algo que viene como anillo al dedo a nuestra cultura de la convicción antes expuesta. Acaso sea el pensar como primer paso entonces la manera más responsable, más comprometida, del actuar.



¿De ideas la batalla?


Esta mañana me dirigí al juicio de Gorki, ese que sin cargos y en el plazo de tres días luego de su detención se le hace. Al llegar a un cuadra de distancia del lugar, varias personas vestidas de civil y con wokitoquis en el cinto me detuvieron. "¿Hacia dónde vas?" "Por aquí no se puede pasar". El tono de tales interpelaciones y los autos parqueados cerca no dejaban lugar a dudas de cuál sería el destino de un forcejeo: la reclusión forzosa en alguno de aquellos automóviles. A mi memoria vino la manera en que fueron cargadas por varias personas hacia un ómnibus las Damas de Blanco durante su manifestación en la Plaza de la Revolución. Decidí dedicarles una mirada y una sonrisa irónica -el cubano es muy susceptible a la burla y algunos hacemos uso de eso para no sentirnos demasiado impotentes- e intentar otra entrada. Rodeé el lugar. Como era de suponer la manzana estaba completamente "tomada". Por ninguna de las cuatro esquinas que rodeaban el Juzgado de Playa (ubicado en 5-ta y 94) había manera de pasar. Pero no sólo las cuatro esquinas anteriores a la cuadra del juzgado estaban llenas de estos grupos de acción rápida, sino toda Quinta Avenida prácticamente. En todas las casas e instituciones a la redonda había una pequeña posta, y podían identificarse varios policías de civil merodeando por el parque, haciendo sus rondas por la ancha avenida. Todo un despliegue de fuerzas represivas para impedir que se pudiera asistir libremente -como suele estar establecido en todos los juzgados del país- al juicio de un criminal común, estatus que se le da a Gorki, y por el cual supuestamente -no porque sus canciones punk digan "no coma tanta pinga comandante"- se le enjuicia. Parece paradójico y no lo es que a Gorki se le lleve a juicio, alegando la "peligrosidad social" que se aplica a quienes no quieren trabajar para el Estado, por letras como la antes citada, perteneciente a una canción que habla precisamente de la obligación de trabajar en un país donde el trabajador no es remunerado mientras se le obliga a asistir a reuniones del Sindicato Laboral para apoyar el último discurso del presidente o la última disposición política del gobierno. Cabe preguntarse por qué una agrupación musical, específicamente su cantante, resulta peligroso para el actual régimen. Una acotación: ante una batalla de ideas nuestro sistema no presenta batalla; apuñala por la espalda haciendo uso de sus fuerzas.





Diversidad por norma o normado de la diversidad.
El CENESEX y su presidenta Mariela Castro.


La Norma (con mayúsculas y en letras blancas) es la diversidad. Sí, se trata de encausar, de hacer entrar por el aro, como diría cualquier cubano en el suspicaz lenguaje popular; de hacer "la norma" una vez más. Aunque esta vez venga con cara de lo diverso. Un slogan así no puede menos que desconcertar un poco, en primera instancia, al que lee, quien luego podrá preguntarse por las "intenciones" detrás de la frase: ¿hacia dónde se inclina la balanza de quien ha escrito el anuncio, hacia la diversidad o hacia la norma?
Desde que se fundó el CENESEX siempre he creído que su propuesta -su forcé estatal, con todo lo que de vertical e intolerante tienen las "propuestas" estatales- es más que nada, normalizadora. Se trataba en sus inicios de lograr por ejemplo que fuera implementada la operación de cambio de sexo para transexuales, de hacer que los travestís pudieran incorporarse a centros de trabajo estatales y colocar como empleados del mismo CENESEX a homosexuales, transexuales y travestís, sobre todo del sexo masculino. El trabajo con las mujeres homosexuales no es el fuerte de este centro. De hecho, el afiche confeccionado por el centro que enumera la diversidad de orientación sexual pone: "hombres que tienen sexo con hombres", "mujeres que tienen sexo con hombres", etc, y en su última línea, "mujeres "que gustan" de mujeres". Esta enunciación que no se consuma, que dice y no dice a un tiempo, en un deslizamiento tan sutil del tópico lésbico, se parece demasiado a la histórica, ya usual invisibilidad de la homosexualidad femenina. El CENESEX lleva desde sus inicios un trabajo que le caracteriza y cuyo destinatario es el grupo social que se ha dado en llamar HSH (hombres que tienen Sexo con hombres) para prevenir el VIH en este grupo de riesgo. Dicha terminología incluye no sólo a los hombres que se declaran homosexuales sino a aquellos que considerándose heterosexuales han tenido relaciones sexuales con su mismo sexo en algún momento de sus vidas.
El CENESEX, presidido por Mariela Castro, quien al parecer tiene dentro del perfil de su imagen pública la de ser el joven rostro o al menos el más fresco de la nueva fase que experimenta en estos días la Revolución cubana, es la hija mayor de Raúl CAstro y Vilma Espín, y en sus presentaciones públicas suele proclamar a los cuatro vientos el apoyo incondicional del padre a sus iniciativas ("mi padre es mi principal aliado", declaró en una entrevista). También dice pretender llevar hasta el final la continuación del legado social dejado por su madre. En cuanto a lo primero, no tenemos dudas. Para mayor claridad de las circunstancias ya hemos dicho que se trata de su perfil público, es no sólo el joven rostro, sino una de las aristas más visibles del impulso democrático del "cambio" que lleva adelante el Castro sucesor. En cuanto a lo segundo, no podemos más que sonreír, ¿es que acaso Vilma hizo algo por los homosexuales? Hizo sí, por la mujer, sobre todo en cuanto a lo que se refiere a su integración al trabajo revolucionario y productivo. Y resumió en una todas las organizaciones de y por la mujer existentes en Cuba antes del 59, enfocando como el objetivo prioritario de la unión de todas ellas el de una mejor defensa del proceso revolucionario que se consolidaba en el poder. Tan así que hoy tenemos bastante arraigado el que la mujer trabaje no sólo en la casa, sino también en la calle, y muy poco sabemos o hacemos en materia de género por el sexo aún débil.

El primer 17 de mayo celebrado por la Revolución cubana


La jornada del 17 de mayo en Cuba en esta fecha de 2008, primera vez en estos 50 años de Revolución en que se realiza un esfuerzo oficial público a favor de la diversidad sexual -nos abstendremos de enumerar aunque no de mencionar toda la discriminación, represión y menoscabo oficial a que fueron sometidos los no heterosexuales por parte del régimen en años anteriores; el hablar del pasado para canalizar viejos rencores, y sin mezclarlo o hacer referencia a un presente y/o un futuro, es algo que se está poniendo de moda en estos días dentro de la isla, como lo era antes el hablar de un extraño presente-futuro que desdeñaba el pasado al punto de hacerlo casi nulo, pretendiendo un inusitado empezar desde cero- dio comienzo al evento con conferencias, de las cuales es particularmente interesante la del doctor Roque. Tal conferencia, aunque se presuponía de carácter médico y en consecuencia científico, fue más bien al parecer un exorcismo de los desagravios sufridos por los no heterosexuales presentes, a quienes "le saltaban las lágrimas", según corrobora un homosexual masculino con quien sostuve una corta conversación sobre lo acontecido en el Pabellón Cuba, y a quien llamaremos X. Otro homosexual masculino, Y, que no estuvo presente en la sesión de la mañana, cuestionó: "¿se trataba de una telenovela o de una conferencia?". La pregunta pudo ser nuestra. No hay que ser muy inteligente para imaginar que una conferencia "que puso a llorar a todos los presentes" era más bien un remedo de discurso para la ocasión cuya intensión era primordialmente la de conmover a su público. ¿Dijimos conmover?; pudiéramos haber puesto en su lugar la palabra "melodrama", pero intentamos no parecer demasiado descarnados en nuestra crítica. ¿Lo parecemos? Intentemos nuevamente cierta clase de objetividad: ¿por qué querrían provocar esa "catarsis" en los asistentes al evento? Luego de las conferencias se abrió el debate. Hubo preguntas, discursos donde se hacían las historias de vejaciones recibidas, más catarsis. En medio de preguntas e historias de vejaciones, y de las declaración públicas de amor, Mariela Castro se hacía eco de los relatos e impulsaba las declaraciones públicas de algún que otro amor homosexual, a la vez que anunciaba su programa de leyes para no heterosexuales: dio seguridad de que sería probado el matrimonio gay, aunque su recibirá un particular denominación definiéndose como "unión legal"; habló de que se trabajaría para lograr en un futuro otro tanto con la adopción de niños por parejas homosexuales; habló de un proyecto de ley contra la discriminación de orientaciones no heterosexuales... Una de las preguntas de los asistentes fue si se aprobaría la apertura de clubes para homosexuales. La respuesta: "yo creo" (así mismo contestó Mariela, completamente heterosexual hasta donde se conoce, arrogándose el derecho de hablar por el otro) que lo necesario es "la integración" en la sociedad revolucionaria actual de todos los ciudadanos, sea cual fuese su orientación sexual, y no la conformación de gethos. Nadie cuestionó más. Sabemos que no habrá clubes para homosexuales y que las fiestas gays clandestinas seguirán supliendo esta necesidad reprimida. En un momento casualmente final de este constructivo(1) diálogo una joven que dijo ser bisexual pidió que en que todos se abrazaran, literalmente, en un abrazo colectivo, ya que se hallaban disfrutando de un instante de verdadera conexión emocional con sus semejantes. Hacía referencia al “momento del abrazo” que tiene lugar en navidades u otras celebraciones similares. Todos se abrazaron. Todos estaban muy emocionados.
"Es el mejor apoyo que podemos recibir", dijo el homosexual masculino X, músico de profesión.
No podemos terminar esta nota sin decir una palabra que nos quema los labios, punzando por salir. Circo. Tristeza pudiera ser otra palabra, pero en este contexto amenaza con decir poco o nada. Y nuestra repugnancia por el montaje que hace uso astutamente, a nuestro modo de ver, del sufrimiento y la desesperación de una minoría que no ha tenido y parece condenada a no tener voz propia por ahora, una minoría que es fácilmente manipulable por su bajo nivel cultural (muchos tuvieron que abandonar sus estudios tras ser víctimas de la discriminación por parte del sistema de educación cubano). Nuestra rabia e impotencia, todo ello no cabe en la palabra tristeza. Cabe quizás en la palabra frustración.
Mariela Castro tiene muchos adeptos entre gays, transexuales y travestís. "Ha salvado a muchos", nos dice X. Muchos tiene que agradecerles el ser al menos tenidos en cuenta en centros de trabajo o como empleados en el CENESEX.
De la sesión de la mañana en el Pabellón Cuba fue la gran mayoría la que salió bendiciendo la hora en que vino al mundo la hija del presidente. Nos asombra, otra vez, como las masas caen nuevamente en las redes de un control obsesivo que escamotea sus derechos, como ceden estos derechos sin resistencia a un líder político. Cuba, ¿no lo hemos dicho?, tiene un problema más que crítico en su panorama sociopolítico: la sociedad civil "brilla"; por su ausencia.

Coda

Nuestro punto final tiene que ver precisamente con el hecho de que las masas, al parecer siempre bien dispuestas, se dejen conducir tan fácilmente. No obstante cincuenta años de experiencia. No obstante ser uno de los grupos sociales más apaleados por el proceso. Todo ello motiva ineludiblemente a la reflexión.

Notas

(1)“Constructivo” es un término que se puso de moda en el argot cubano durante el fervor del manualismo soviético, que aludía a la construcción de un mundo nuevo y de un hombre nuevo, proyecto que se cimentaba mediante "críticas constructivas", o "encuentros" particularmente "constructivos"... Confirmamos que se construían este 17 de mayo de 2008 castillos de aire, de un lado, por los programadores oficiales del cambio social para los no heterosexuales, de otro, por los no heterosexuales que con ojos nublados por las lágrimas veían por primera vez "los cielos abiertos".



NOTAS RÁPIDAS SOBRE LA EXPOSICIÓN PLÁSTICA DE ULISES URRA.

por Liz

Exposición “Fuera de nada”
Artista Plástico: Ulises Urra
Galería 23 y 12.



"El verdadero arte tiene el poder de ponernos nerviosos."
Susan Sontag


Galería 23 y 12. Dentro.


Desde la puerta del local un custodio, de pie y posicionado en el paso de entrada, hace obligatoria la petición de un permiso de acceso. Es 23 y 12, el local probablemente menos visitado de los que conforman el circuito de galerías oficiales del Vedado. Poco asidua la farándula, así como la crema y nata del arte en La Habana a este espacio sin aire acondicionado, deplorable infraestructura y deficiente atención al público interesado, es este un sitio en el que al entrar el lugar de la exposición se confunde con otros espacios interiores, suerte de intertextualidad que no corre por cuenta del artista. artista . Un cubículo preparado aparentemente para la venta de pequeños cuadritos y serigrafías de artistas plásticos archiconocidos, inexplicablemente cerrado al exterior, presenta su parte trasera abierta al espectador que acude a la exposición de la galería. La oficina donde los trabajadores "especialistas en arte" esperan ansiosamente su feliz fin de la jornada laboral de cada día también está abierta hacia el final del local, sin apenas transiciones, de manera que hay que reparar en el cambio de ambiente –luces (al parecer el ahorro de electricidad va por cuenta de los ojos de los espectadores), buroes atestados, ruido de ventiladores...– para detenerse en seco y comprobar que aquella habitación no es parte de la muestra, que es "otra cosa". De ella sólo salen los trabajadores del local –en este caso se trata de dos mujeres– para a)poner a funcionar el video que sólo verá aquel que se decida a preguntar si el apagado del aparato se debe a una rotura del equipo; b)para expulsar a los visitantes que se encuentren aún dentro de la galería cuando los relojes de mano de estas trabajadoras anuncian las cinco de la tarde, hora oficial de cierre del centro.

Dentro-fuera. La exposición de Ulises Urra
Fuera de nada tituló Ulises Urra esta muestra, en la que uno se topa a la entrada con algunas columnas formadas por un solo libro: Manual del Miliciano de Tropas Territoriales, edición cubana de 1981. Acudí a la exposición atraída por una frase, una frase histórica mencionada por el artista en la entrevista promocional de la televisión cubana. Decía que uno de los móviles de su propuesta era aquella frase famosa de las Palabras a los intelectuales: "Dentro de la Revolución todo, fuera de la Revolución nada."
El suelo de la galería se halla atravesado por líneas que lo delimitan, circunscribiéndolo así al plano conceptual de un terreno de operaciones. Varias series de cuadros, agrupados por conjuntos similares en paredes independientes, han sido comúnmente denominadas como Ejercicios, y designadas por un número a la usanza de un libro de texto básico o manual. Una de estas series utiliza imágenes ampliadas del manual miliciano como base de un colorido abstracto de técnica mixta que recuerda el grabado manual y la salpicadura. Otra presenta imágenes a las que se ha sobreimpreso, en algunos sitios precisos, diferentes tipos de mirillas de disparo. Hallamos también una silla, que sorprende por ser el único objeto de la muestra –aparte de lo que preferiríamos llamar manuales lúdicos, y de los cuales nos ocuparemos más adelante. Esta, sin embargo, lejos de clasificar como un mueble de formas simples, utilitario y racionalista, es por el contrario poseedora de ese estilo que en un país signado como el nuestro por una ideología invasiva de las fronteras individuales –ideología que intentó reconstruir sobre las ruinas de antiguos límites nuevos trazados de terreno según un lenguaje de guerra bipolar –, podría ser calificado sin miramientos como burgués. Sin embargo, sobreinterpretaciones aparte, acotamos nuestra incertidumbre acerca de esta silla. Aunque ubicada en el centro de la muestra no estamos seguros de valorar acertadamente su presencia en la exposición. Es tal la desidia en la galería. ¿Podría ser la silla del custodio?

De todo. Las concepciones críticas de Urra
Al final del recorrido, sobre una especie de mesa, el espectador encuentra numerosos tomos únicos del mismo manual. Este ha sido adulterado, metamorfoseado, truqueado por el artista y sus ayudantes. El video, ubicado junto a estos ejemplares, nos devela una sucesión de apariciones precedidas por el nombre en pantalla del personaje-ayudante que observaremos cortar, pegar y en definitiva rearmar un nuevo manual personal del miliciano confeccionado con recortes de diferentes materiales impresos, ya sean revistas extranjeras de moda y actualidad, fotos, revistas nacionales, etc. El artista aparece en pantalla persuadiendo para el trabajo a cada aludido, explicándole el "método" escogido, y por último entrevistándose con él mientras ocurre el performance. Siempre en interiores, una muchacha, un travesti, un combatiente veterano, un trabajador de ponchera particular que resulta ser mudo, una “buzo”, son los entes elegidos. Confundiendo las fronteras entre el arte y la vida, entre lo culto y lo popular, Urra se vale de su lenguaje conceptual para proponer, por medio de la polisemia del discurso, límites móviles que canalicen el diálogo en torno a la diversidad dentro de la sensibilidad contemporánea.
Se despliega el rejuego desde la apropiación y el entrecruce de diversas construcciones históricas más o menos hegemónicas –el lenguaje oficial de un Estado inmerso en una máquina defensiva, el lenguaje-glamour que se teje en torno a las estrellas de Hollywood–, con otros discursos minoritarios como lo son el del gay, el mudo o la vagabunda.
El discurso de Ulises Urra reta, en el entorno de un coqueteo que parece caracterizar al arte postmoderno, y que se da entre la eterna moribunda modernidad y la neovanguardia, los tópicos de sujeto y subjetividad, genio y creación artística, así como los conceptos de autenticidad, originalidad y orígenes, todos ellos enmarcados en la fraseología institucional, corresponda esta al museo o a la tradición de las bellas artes. La obra homenaje a Tristan Tzara –uno de los fundadores del movimiento dadaísta, siendo nihilista por principio, y que no obstante se uniera más tarde a la Resistencia francesa durante la II Guerra Mundial para sumirse tras ella en una preocupación constante por la realidad–, parece confirmar ciertas ambivalencias esteticistas. La palabra "vanguardia", oscilante entre sus connotaciones militares y artísticas, aparece pues ante nuestros ojos entre otras frases específicamente militares y menos ambiguas, dando a la muestra la gota de sal del autoemplazamiento artístico por medio de un discurso autorreferencial del arte sobre el arte. El título Ejercicios, para algunas series de cuadros, constituye también un gesto que acompaña este desapego irónico en la lúdica discursiva de Urra.
En los ejemplares "armados" por manos individuales del manual miliciano encontramos de todo. Collage grotesco de prácticas culturales, estos objetos-instalaciones, una de las propuestas más interesantes de la exposición, no logran sin embargo superar la mera burla y, desbordantes de choteo, se abstienen de llegar a consumar una propuesta artística alternativa. Son precisamente estos manuales los que dinamitan la muestra, dejando la impresión más fuerte al espectador: la chocante superposición y encajamiento de imágenes varias, que se quedan dando vueltas sobre sí mismas, sin mezclarse, fijas y carentes de resemantizaciones posibles... No hay pie a la confusión: si alguien nos pregunta, podemos responder fácilmente: "¿qué hay en esos cuadernos rearmados?", "hay de todo: estrellas de cine, prácticas militares, fotos viejas de aviones, de barcos, propaganda consumista, etc.". Las partes no se fusionan para engendrar a terceros. No ha habido transmutación, nadie se puso nervioso.

Notas:

(1) Es de mencionar además, que una vez que ya se está delante del material fílmico que forma parte de la muestra, los cristales desnudos de la galería se reflejan irremisiblemente en la pantalla del televisor, introduciendo al documento visual del artista una muchedumbre que espera ansiosa su ruta en lo que suele ser una parada de ómnibus pocas veces vacía; más los niños que aprovechan los portales para deslizarse en carriolas inventadas una y otra vez frente a nuestros ojos que pocas veces lograrán conservar la espontánea concentración. Este espectáculo es también sonoro puesto que con el objetivo de suplir la falta de ventilación del local la puerta de la galería permanece abierta dejando pasar al interior todo el ruido ambiental que la rodea. Aún así este se ve matizado a su vez –al menos mientras duró mi visita– por una estruendosa conversación entre el custodio y una mujer que acudía a ratos a su encuentro.